Esta misma mañana me he encontrado en mi buzón de correo un mail en el que se me ofrecía formación de una forma relativamente original. Sin embargo, lo que me ha cautivado de ese mail es la firma del mismo en el que se repordicía entrecomillada, en negrita y en color burdeos, la frase que sirve e encabezamiento al post de hoy.

Además ha coincidido que esta tarde se me ha estropeado mi portátil Dell Precision M90 – en concreto a vuelto a «cascar» la tarjeta gráfica del equipo – y me he visto obligado a tener que acudir al servicio de atención al cliente de Dell.

La verdad es que la experiencia es «agridulce» ya que tener que llamar por tercera vez en menos de un año para solucionar el mismo problema desespera a cualquiera, especialmente cuando una avería de este tipo me deja hasta el lunes sin mi principal herramienta de trabajo. Aún así, hay que reconocer que al margen de la calidad del producto, la atención es excelente. Hay que aclarar que el portatil es de empresa y que tienen separado el servicio de atención a empresas del de los particulares.

Lo cierto es que aunque el proceso es demasiado largo – la llamada se ha prolongado durante más de 25 min – solo he necesitado esa llamada para conseguir que me envíen al técnico y a las piezas de recambio para realizar la reparación en mi propia oficina. Todo ello después de realizar numerosas pruebas y comprobaciones insitu para diagnosticar la avería.

Pero además de efectivo el servicio de Dell es ejemplar desde un  punto de vista de calidad en la atención. Es digno de elogio la capacidad y preparación de los técnicos que atienden las consultas, su capacidad para clamar la irritación de su interlocutor y su predisposición a solucionar la incidencia. Como ya he dicho es la tercera vez que acudo al mismo y en cada ocasión me ha atendido una persona distinta sin que la calidad de la atención se haya visto mermada.

Me tengo por alguien exigente y a pesar de ello, y a pesar de haber sufrido la tercera avería en menos de año y medio, siento la necesidad de destacar la profesionalidad y nivel de esos profesionales y de quien haya diseñado, supervisado y montado el sistema, porque es realmente bueno.

Otra cosa es si hablamos del producto; que está claro no le llega ni a la suela de los zapatos a esos profesionales. Pero ese ya es otro tema.