¿Es conveniente que una empresa comunique al mercado hechos relevantes negativos?, ¿o es mejor guardar silencio?. Esta disyuntiva se presenta de manera más o menos frecuente a muchos gerentes y directores generales, y por lo general se suele optar por «hacer mutis por el foro» esperando que, al ignorarlo, el hecho se diluya y pase desapercibido para los clientes, competencias, etc.

Pero, ¿es adecuada esta estrategia?, y lo más importante ¿funciona?. ¿Se consigue minimizar el daño?. Estas preguntas no tienen una única respuesta correcta, y depende de las características de ese «hecho relevante». Sin embargo, por lo general es mejor «coger el toro por los cuernos» y trasladar al mercado la noticia con el enfoque más adecuado a los intereses de la empresa. Porque de lo contrario, nos arriesgamos a que esa noticia trascienda por otros canales y vías con un enfoque menos favorable.

Pongamos, por ejemplo, el cierre de una delegación de una empresa. Objetivamente, no es una buena noticia, pero está claro que de forma inevitable esa noticia se sabrá antes o después. Este es un claro ejemplo de una mala noticia que debe ser comunicada «de la mejor forma posible» al mercado. Intentar tapar esa noticia, es tan absurdo como intentar poner puertas al campo. Y «dejarlo pasar» – en términos de comunicación – es la peor estrategia posible para la imagen de marca de esa empresa.

Pero ¿cómo se comunica «positivamente» un cierre de una delegación?.

Olvidémonos de intentar convertirlo en una buena noticia porque el resultado sería un comunicado frívolo con resultados desastrosos. En realidad, de lo que se trata es de aprovechar la oportunidad que nos brinda esa mala noticia para comunicar otras buenas que «la amortigüen», y que vayan en la dirección opuesta . Se trata de VENDER FUTURO ante un hecho que LO CUESTIONA.

Además habrá que aprovechar para intentar explicar los motivos de ese cierre, trasladando que con esa decisión, lo que se consigue es atajar un mal mayor a cambio de un mal menor, lo cual puede incluso fortalecer la imagen pública de la empresa.

En definitiva, no se pueden evitar las «malas noticias» pero si se pueden limitar sus «malos efectos» con una correcta estrategia de comunicación que debe ser consensuada con el equipo directivo y trasladada de forma consistente, con una sola voz y un único mensaje.