Durante los últimos meses han llegado hasta mí diversas historias, no relacionadas entre sí, de personas y empresas que han conseguido darle la vuelta a situaciones prácticamente irreversibles, y triunfar cuando ya nadie daba un duro por ellas. Una lectura rápida de esas historias, nos llevará a la conclusión de que la “suerte” (entendida como estar en el lugar acertado en el momento adecuado) está detrás de esos éxitos.

Sin embargo, una lectura más pausada y un análisis más profundo de las acciones que les han llevado a tener “suerte”, revela que esa suerte poco o nada tiene que ver con el “azar”, sino que es fruto de un trabajo bien hecho, y bien planificado entorno a unos objetivos concretos. En definitiva, que han tenido suerte porque han salido decididos a buscarla, y no han cejado en su empeño a pesar de las muchas dificultades a las que se han tenido que enfrentar.

La moraleja de todas esas historias es que aun hoy en día, siguen existiendo oportunidades para que logremos el éxito. Y que para conseguirlo, no basta con esperar a que la “suerte” – o el pedido, cliente, etc. – venga a buscarnos, sino que es preciso salir a buscar esa “suerte” – oportunidades – armado con unos objetivo concretos, una planificación acertada, un desempeño excelente y un carro de entusiasmo.

El resultado al final será el éxito, y algunos lo llamarán “suerte”