Un tweet de Avinash Kaushik, http://twitter.com/avinash, que dirigía al siguiente vídeo con el título de «Power of words» ha sido el estímulo que ha despertado en mí la necesidad de escribir este post. El vídeo refleja un día cualquiera en la vida de un mendigo ciego que, sentado en una calle, pide ayuda a través de un cartel de cartón con el siguiente mensaje «soy ciego. Por favor, ayúdeme». Aunque el mensaje consigue que algunos le echen alguna moneda, todo cambia con la intervención de una joven que al pasar frente al ciego se detiene, coge el cartel, saca un rotulador, y reescribe el mensaje por la parte posterior del cartón. Al momento las aportaciones ya no son de una moneda o dos sino de puñados de monedas. Al regresar la joven por donde venía, se vuelve a detener ante el ciego y éste le pregunta «¿qué fue lo que escribiste?», a lo que ella responde, «escribí lo mismo, pero con distintas palabras», finalmente se ve el mensaje del cartel que reza: «Hoy es un día precioso. Y yo no puedo verlo».

Aunque el vídeo es un anuncio publicitario de una compañía dedicada al generar contenido online, y por tanto no es una historia real sino ficticia,  lo importante es que la historia tiene un transfondo que sigue siendo válido: las palabras tienen el poder de cambiar tu destino.

Además de recomendaros el vídeo – que con independencia del mensaje es una obra de arte – quiero ir un poco más allá del significado sobre el poder de las palabras. Por que en realidad, lo que obra el milagro no es en sí una frase afortunada, sino la frase que consigue involucrar a la audiencia con tu mensaje. Ah, muy bien Jorge…. genial, ¿y eso como se consigue?, ¿cuál es la formula mágica?

Evidentemente no se trata de una formula sencilla que se pueda aplicar de forma automática -si fuera así no os daría la formula, sino que  montaría mi propio Google de publicidad, en el que el usuario introdujera su mensaje estándar y el algoritmo le devolvería la frase mágica. Suena genial, ¿verdad? – sino que se trata de una compleja fórmula empírica que es relativamente fácil de explicar, pero tremendamente difícil de poner en práctica, y acertar.

La fórmula es: involucra a tu audiencia, haz que se sientan protagonistas de tu historia, que compartáis juntos ese momento, y que conecten con tu realidad, que conecten contigo. O mejor dicho: involúcrate tú con su historia, participa de ella, comparte experiencias, conecta con su realidad, y conectarás con ellos.

Esto es efectivo no solo a nivel publicitario, sino en cualquier actividad y fase del marketing, tanto en la captación como en la fidelización.

En el vídeo del ciego, la clave está en que transforma un mensaje sobre «mi problema» – soy ciego – (problema que habla de mi y sólo me afecta a mí) en una frase sobre «nuestra experiencia compartida» – Hoy es un día preciso – (lo es para todos, y de esa manera involucra a la audiecia) – Y yo no puedo verlo – al estar involucrados sentimos la frase como propia, y nos ponemos en la piel del ciego. De esta forma es como se obra el milagro y empezamos a formar parte de la historia del ciego, y por arte de las palabras, cambiamos su destino.